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UNA IGLESIA BÍBLICA

Introducción

Dios, en su bondad y amor, no nos ha llamado a ser cristianos aislados. Si bien es cierto que pecamos individualmente, y hemos sido llamados del mundo individualmente, también somos llamados a estar reunidos en una asamblea local. En el Nuevo Testamento, esta asamblea es llamada la Iglesia.

Hoy en día, muchos libros en el mercado y predicadores están coincidiendo que casi todo atributo concebible como estilo de adoración, programa de computadora, libro, sistema de sonido, seminario, ministerio, educación, programa, grupo, filosofía, metodología, doctrina, virtud, encuentros espirituales, diseño de parqueos, o dirección organizacional, es la clave para una Iglesia de éxito. ¿Quién está en lo correcto? ¿Cómo se puede saber si una iglesia es saludable? ¿Qué se puede hacer para animar un crecimiento bíblico y sostenible que glorifique a Dios?

 

Este pequeño folleto, intenta mostrar lo que sugerimos son nueve marcas distintivas de una Iglesia saludable. Estos no son los únicos atributos de una Iglesia saludable. No es todo lo que se deseara escuchar acerca de una iglesia. Es más, no son necesariamente los aspectos más importantes de una Iglesia bíblica. Por ejemplo, el Bautismo y la Mesa del Señor son aspectos esenciales de una Iglesia bíblica, los cuales no son directamente mencionados aquí. La razón es porque prácticamente toda Iglesia al menos intenta desarrollar tales ordenanzas.
Los nueve atributos en discusión aquí son marcas que pueden caracterizar a una Iglesia que sea bíblicamente pura y saludable con respecto a muchas de sus hermanas que están enfermas. Las nueve marcas discutidas aquí son muy raras de encontrar hoy en día, por lo tanto, existe una necesidad especial de poner en ellas nuestra atención y de cultivarlas en nuestras Iglesias. Estas son las siguientes:

1. Predicación Expositiva
2. Teología Bíblica
3. Un entendimiento Bíblico del Evangelio
4. Un entendimiento Bíblico de la conversión
5. Un entendimiento Bíblico del Evangelismo
6. Un entendimiento Bíblico de la Membresía de la Iglesia
7. Disciplina Bíblica en la Iglesia
8. Un interés por el Discipulado y Crecimiento Cristiano
9. Un entendimiento del Liderazgo Bíblico en la Iglesia

 

Está claro, que así como no hay cristianos perfectos en esta vida, tampoco existen iglesias perfectas. Aún las mejores iglesias están lejos de este ideal. Es necesario notar que ni la adecuada organización eclesiástica, ni la predicación fogosa, ni el ofrendar sacrificialmente, ni la doctrina ortodoxa pueden asegurar que una iglesia florecerá. Sin embargo, cualquier iglesia puede ser más saludable de lo que es. En nuestras vidas nunca vemos victoria completa sobre el pecado, pero como hijos legítimos de Dios no nos damos por vencidos ante la lucha.

Las iglesias tampoco deben rendirse ante la lucha. Los cristianos, particularmente pastores y líderes eclesiásticos, tienen este deseo y trabajan para poder ver Iglesias más saludables. El objetivo de los siguientes párrafos es precisamente animar a tener esta salud. Con este propósito fue escrito este folleto y con este propósito usted lo lee para que Dios pueda ser glorificado en su pueblo.

Nuestra adicción norteamericana al pragmatismo, particularmente al éxito evidente, debe ser reemplazada por una humilde y confiada dependencia en la fidelidad de Dios, particularmente en cumplir sus mandamientos sin esperar resultados inmediatos. Debemos tener categorías para reconocer y animar el trabajo no solamente de los plantadores de Iglesias en áreas de crecimiento demográfico o en medio de un avivamiento, sino que también de los pastores fieles en poblados ya establecidos, de ciudades en extinción o áreas rurales. Debemos de ser capaces de animar la obra de Dios de igual manera como se hizo a la labor de William Carey o Adoniram Hudson, y no tan solamente a las cruzadas o misiones con grandes estadísticas de personas que responden inmediatamente.

Una nota de advertencia: en este reajuste de los objetivos y prácticas de la Iglesia no se debe confiar en seminarios como los agentes de cambio y reforma bíblica. Los seminarios (ya sean denominacionales o de otro tipo) son instituciones que tienen sus propios lineamientos, del grupo que los regula, por lo que deben ser fieles a ellos o perecerían. Es así como esto debe ser. Por lo anterior, debemos trabajar para un cambio más profundo, lento y a largo plazo a medida vayamos trabajando en el cambio de nuestras Iglesias.
De nuevo, aún las mejores iglesias están muy lejos de este ideal, pero no debemos por lo tanto cesar en nuestra labor. Estamos unidos en el deseo de tener Iglesias más saludables donde Dios será glorificado en medio de su pueblo. Que este folleto pueda ser usado para este fin.
                     
1. Predicación Expositiva

Esta es la predicación que expone correctamente todo lo que la Escritura dice en un pasaje en particular, explicando, exponiendo y aplicando cuidadosamente su significado a la Iglesia. Es un compromiso escuchar la Palabra de Dios y recuperar la centralidad de ella en nuestra adoración.

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 2 Timoteo 4:1-4. Es por medio de la correcta Predicación de toda la Palabra que Dios salva a su pueblo, que santifica a su pueblo;; la predicación de la Palabra es fundamental en la verdadera Iglesia de Cristo.


Definición de Predicación Expositiva
El lugar para comenzar es donde Dios comienza con nosotros, y es Él hablándonos a nosotros. Esta es la manera como nuestra propia salud espiritual se ha dado, y así también es como pueden llegar a tener salud nuestras iglesias.

Para cualquier líder de la iglesia es especialmente importante, y más aún para su pastor, el compromiso de la predicación expositiva, la cual es uno de los métodos más antiguos. Esta predicación cuyo objetivo es la exposición de lo que dice particularmente un pasaje de las Escrituras, siendo explicado cuidadosamente en su significado y aplicándolo a la congregación es el que debe imperativamente habitar, ser parte de una Iglesia Bíblica, una Iglesia Saludable.(Nehemías. 8:8).

 Pero entendamos un poco que es la Predicación Expositiva. Desde hace bastante tiempo se han clasificado los sermones en tres amplias categorías que podríamos asemejar a tres círculos que se traslapan en algunas áreas: Temático, Textual y Consecutivo
Estos no pueden ser catalogados como existiendo por sí solos (sin tener puntos de contacto) es evidente, puesto el sermón temático necesariamente será una exposición de textos claves sobre ese tema; el sermón textual necesariamente cubrirá los temas explícitos en el pasaje que prediquemos; y el sermón consecutivo une ambos tipos en una serie a través de un libro entero (o un pasaje extenso).

Además, los tres son por naturaleza expositivos – de otra manera no son sermones bíblicos. Así entonces, la predicación expositiva expone, explica y aplica el tema del pasaje a estudiar, ya sea en un sermón temático, textual o consecutivo.
Aunque algunos profesores de Homilética han negado la existencia o legitimidad de uno, dos o los tres tipos de sermones – estos tipos mismos han vivido más que cualquiera de esos críticos y podemos verificar su existencia de la Biblia y de la historia de la Iglesia – sin embargo, para ahorrarnos tiempo, simplemente vamos a asumir su legitimidad.

 (Cursivas añadidas al original, del Libro: Exegesis y Exposición. Francisco Orosco; Pastor en Iglesia Bautista Reformada Betel, México)

La Predicación Expositiva no es Fundamentalmente un Estilo

La predicación expositiva asume una creencia en la autoridad de las Escrituras, aunque es algo más que esto. Un compromiso con la predicación expositiva es un compromiso a escuchar la Palabra de Dios. Aún a los profetas del Antiguo Testamento y a los apóstoles del Nuevo Testamento les fue dada no solo una simple comisión de ir y hablar sino un mensaje en particular, de tal forma que los predicadores cristianos el día de hoy tienen la autoridad de hablar de parte de Dios solamente si ellos están hablando Sus palabras.

De tal manera que la autoridad del predicador expositivo comienza y termina con la Escritura. Algunas veces las personas pueden confundir predicación expositiva con el estilo de un predicador expositivo favorito, pero fundamentalmente no es cuestión de estilo. Como otros han observado, la predicación expositiva finalmente no se trata tanto de cómo decimos lo que decimos sino de cómo decidir lo que se va a hablar. No está marcado por un estilo en particular sino por un contenido Bíblico.

El Sometimiento a la Palabra de Dios y no al Conocimiento del Predicador

Alguien pudiera felizmente aceptar la autoridad de la Palabra de Dios y aún confesar su creencia en la inerrancia de la Biblia; sin embargo si esta persona en la práctica (con o sin intención alguna) no predica expositivamente, nunca predicará más de lo que ya conoce. Un predicador podría tomar un pasaje de la Escritura y exhortar a la congregación basada en un tema que es importante sin estar realmente predicando la idea central del pasaje. Cuando esto sucede el predicador y la congregación solo escuchan la Escritura que ellos ya conocían.

En contraste, cuando predicamos un pasaje de las Escrituras en su contexto de manera expositiva tomando la idea central del pasaje como el verdadero tema del mensaje, entonces escuchamos de Dios cosas que no pretendíamos oír cuando comenzamos. Desde la invitación inicial al arrepentimiento hasta el área de nuestras vidas donde más recientemente nos ha revelado el Espíritu Santo, nuestra salvación total consiste en escuchar a Dios en formas que jamás hubiéramos imaginado que escucharíamos de Él. Este sometimiento práctico a la Palabra de Dios deberá ser evidente en el ministerio de un predicador.

Ahora bien, es necesario poner atención a lo siguiente: finalmente es responsabilidad de la congregación el asegurarse de que esto se cumpla. (Observe la responsabilidad que Jesús le brinda a la congregación en Mateo 18, o Pablo en II Timoteo 4). Una iglesia no debe delegar a una persona con una supervisión espiritual del rebaño, cuando en la práctica esa persona no muestra compromiso de escuchar ni de enseñar la Palabra de Dios. Al ocurrir esto, inevitablemente se está obstaculizando el crecimiento de la iglesia y desafiándola prácticamente a crecer tan solo al nivel del pastor. En tal caso, la iglesia lentamente será conformada a su mente en lugar de la mente de Dios.

Dios siempre ha Creado a Su Pueblo por medio de Su Palabra

El pueblo de Dios ha sido siempre creado por la Palabra de Dios. Desde la creación en Génesis 1 hasta el llamado de Abraham en Génesis 12, desde la visión en el valle de los huesos secos en Ezequiel 37 hasta la venida de la Palabra Encarnada, Dios siempre ha creado a su pueblo por su Palabra. Así como Pablo escribió a los Romanos, “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (10:17). O como Pablo escribió a los Corintios, “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.”. (I Cor. 1:21).

La predicación expositiva sana es usualmente el manantial de crecimiento de una iglesia. En la experiencia de Martín Lutero, tal atención a la Palabra de Dios fue el comienzo de la reforma. De igual manera debemos estar comprometidos a ser iglesias que siempre estén siendo reformadas de acuerdo a la Palabra de Dios.

La Centralidad de la Predicación de la Palabra de Dios

Nuestras iglesias deben de recuperar la centralidad en la Palabra de Dios para nuestra adoración. El escuchar la Palabra de Dios y responder a ella puede incluir alabanzas y acción de gracias, confesión y proclamación, pudiendo hacerse en forma de canto cualquiera de estas, aunque pudiera faltar cualquiera de ellas. Una iglesia fundamentada en la música, cualquiera que sea el estilo, es una iglesia que está sobre arenas movedizas. La Predicación es la base fundamental del pastorado.

Ore por su pastor, de manera que él se comprometa al estudio riguroso, urgente y cuidadoso de las Escrituras, y que Dios lo guíe al entendimiento de la Palabra, en la aplicación a su propia vida, y en la aplicación de ella a la iglesia (Lucas 24:27; Hech. 6:4; Ef. 6:19-20). Si usted es un pastor, ore por estas cosas para su provecho. Ore asimismo por otros que enseñan y predican la Palabra de Dios. Finalmente, ore para que nuestras iglesias tengan el compromiso de escuchar la Palabra de Dios, predicada expositivamente, de forma tal que el calendario de predicaciones pueda ser fijado progresivamente por el calendario de Dios a través de las Escrituras. El compromiso de una predicación expositiva es una marca de una iglesia saludable.

2. Teología Bíblica

Pablo encarga a Tito a “enseñar lo que esté de acuerdo a la sana doctrina” (Tito 2:1). Nuestra preocupación debe ser no solo con el cómo enseñamos, sino que es lo que enseñamos. La Teología Bíblica es un compromiso de conocer al Dios de la Biblia tal y como El se ha revelado en la Escritura.

La predicación expositiva es importante para la salud de una iglesia. A pesar de que hay buenos métodos, existe la posibilidad de abusar de ellos, por lo que deben ser sometidos a prueba. El interés en nuestras iglesias no debe ser solamente en cómo somos enseñados sino también con qué somos enseñados. Debemos apreciar la sana doctrina, particularmente en nuestro entendimiento del Dios de la Biblia y Sus caminos con nosotros.

"Doctrina Sana"

“Sana” es un término antiguo. En las epístolas pastorales de Pablo a Timoteo y Tito, “sana” significa digna de confianza, exacta o fiel. La raíz de esta palabra es una imagen del mundo de la medicina, la cual da una connotación de plenitud o saludable. Leemos en I Timoteo 1 que la sana doctrina está formada por el evangelio el cual se opone a la mundanalidad y el pecado. Aún está más claro en I Timoteo 6:3, donde Pablo contrasta las “falsas doctrinas” con “la sana instrucción de nuestro Señor Jesucristo y... de la doctrina que se ciñe a la verdadera religión.” De manera que en su segunda carta a Timoteo, Pablo lo exhorta de esta manera, “sigue el ejemplo de la sana doctrina que de mí aprendiste” (II Tim. 1:13). Pablo previene a Timoteo “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,” (II Tim. 4:3).

Cuando Pablo escribió a otro pastor joven, llamado Tito, le transmitió una preocupación similar. Pablo le aclaró a Tito que cualquiera que anhelara obispado, debía ser: “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.” (Tito 1:9). Pablo insta a Tito a reprender a los falsos maestros “a fin de que sean sanos en la fe” (Tito 1:13). Pablo encomienda a Tito diciéndole “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1).

Unidad, Diversidad y Amor

Si tuviéramos que presentar todo aquello que constituye la sana enseñanza tendríamos que reproducir toda la Biblia. Pero en la práctica, cada iglesia decide los aspectos en los cuales necesita estar en completo acuerdo, en los que pueden estar parcialmente de acuerdo y aquellos en donde existe completa libertad.

Podemos permitir desacuerdos sobre aquellas cosas que no son necesarias para la salvación ni la vida práctica de la iglesia. Veamos, por ejemplo, que aunque todos estamos de acuerdo en la Segunda Venida de Cristo, no nos sorprende que exista un desacuerdo entre nosotros en cuanto al tiempo de Su venida. Podemos disfrutar completa libertad en aquellos aspectos que aún no están muy claros o que no son críticos como por ejemplo lo justo de la resistencia armada, o quién es el autor del libro de Hebreos.

En cuanto a estos aspectos, debe quedar claro el siguiente principio: Entre más nos acerquemos al corazón de nuestra fe, más se espera ver nuestra unidad expresada en el entendimiento de dicha fe. La iglesia al principio lo puso de esta manera: en lo esencial unidad, en lo no esencial diversidad y en todas las demás cosas, amor.

Como Lidiar con Doctrinas Complejas y Controversiales

La sana enseñanza incluye un claro compromiso con aquellas doctrinas que a menudo han sido descuidadas y que sin embargo son claramente bíblicas. Si tenemos que aprender la doctrina sana de la Biblia, debemos llegar a términos en los cuales la doctrina puede ser difícil, y aún más, que sea potencialmente divisiva, pero que son fundamentales para el entendimiento del trabajo de Dios en medio de nosotros. Por ejemplo, la doctrina bíblica de la elección es usualmente omitida por ser muy compleja o muy confusa. Aunque así fuera, es innegable que esta doctrina es bíblica y muy importante. Reconociendo que pudiera tener implicaciones de los cuales no entendemos completamente, no debe tomarse como algo de poca envergadura decir que nuestra salvación está otorgada últimamente por Dios y no por nosotros mismos. Otras preguntas importantes que también han sido descuidadas y en las cuales la Biblia tiene respuesta son:

¿Son básicamente las personas buenas o malas? ¿Son principalmente sus necesidades de darles ánimo y de levantar su autoestima, o tienen la necesidad de ser perdonadas y obtener una nueva vida?

¿Cuál fue la obra que Jesucristo hizo al morir en la cruz? ¿Fue su obra tan solo una opción o fue nuestro total sustituto?

¿Qué sucede cuando alguien se convierte en cristiano?

¿Si somos cristianos, podemos estar seguros que Dios seguirá teniendo cuidado de nosotros? De ser así, ¿Dependen sus cuidados de nuestra fidelidad o de la suya?

Todas estas preguntas no son meramente aspectos sencillos que deben ser tratados por libretos teológicos o jóvenes estudiantes de algún seminario. Estos son aspectos importantes para cada cristiano. Aquellos de nosotros que somos pastores sabemos cuán diferente sería el pastorear a nuestro pueblo si cambiáramos muchas de nuestras respuestas a estas preguntas. La Fidelidad a la Escritura nos exige que hablemos acerca de estos aspectos con claridad y autoridad.

La Resistencia a la Soberanía de Dios

El entendimiento que tengamos acerca de Dios según la enseñanza de la Palabra es de suma importancia. El Dios de la Biblia es Creador y Señor, y aún así su soberanía algunas veces es negada en la propia iglesia. El que los cristianos se resistan a creer en la soberanía de Dios en la creación o la salvación es en realidad jugar con ideas paganas.

Muchos cristianos pudieran honestamente tener dudas acerca de la soberanía de Dios, pero, deberá preocuparnos, cuando mantienen una fuerte y tenaz negación de la soberanía de Dios en estos antes aspectos mencionados. Al bautizar a una persona con tales convicciones, es como bautizar a un corazón que de alguna manera todavía tiene algo de incredulidad. El admitir así a una persona para ser miembro de una iglesia es como reafirmarla que están confiando en Dios, cuando en realidad no lo está.

Los Líderes Deben Aceptar la Soberanía de Dios

Pero así como es de peligroso esta resistencia a la soberanía de Dios en cualquier cristiano, es aún más en el liderazgo de una congregación. El nombrar a una persona como un líder que duda de la soberanía de Dios o que no comprende seriamente la enseñanza bíblica en lo relacionado con estos temas, es permitir que sea un mal ejemplo de alguien que en realidad no está decidido a confiar en Dios de manera total. Un nombramiento de esa naturaleza limita el desarrollo de la iglesia.

Hoy en día, nuestra cultura nos motiva demasiado a convertir el evangelismo en anuncios publicitarios, explicando el trabajo del Espíritu en términos de mercadeo. Algunas veces hacen de Dios una imagen humana. En tales tiempos, una iglesia saludable debe ser especialmente cuidadosa para orar por líderes que tengan la comprensión bíblica total en su vida de la soberanía de Dios y un compromiso a la sana doctrina en toda su gloria bíblica. Una iglesia saludable está marcada por una predicación expositiva y una teología bíblica.

3. Entendimiento Bíblico del Evangelio.

El evangelio es el corazón del cristianismo. Pero las buenas nuevas no son que Dios quiera satisfacer las necesidades de las personas o el ayudarlas a desarrollar una auto-imagen más sana. Nos hemos rebelado pecaminosamente en contra de nuestro Creador y Juez. Pero Él bondadosamente envió a Su Hijo a morir la muerte que merecíamos por nuestro pecado, y Él ha acreditado la absolución de Cristo a aquellos que se arrepienten de sus pecados y creen en la muerte y resurrección de Jesús. Esas son las buenas nuevas, eso es el Evangelio.

El Evangelio es el Corazón del Cristianismo

Es particularmente importante tener una teología bíblica en un área especial en la vida de la iglesia, esto es el entendimiento del evangelio o de las buenas nuevas de Jesucristo. El evangelio es el corazón del Cristianismo de forma que debe ser el corazón de nuestra fe. Como cristianos deberíamos orar para que pudiéramos estar más interesados acerca de las maravillosas noticias de salvación a través de Cristo que de cualquier otra cosa en la vida de la iglesia. Una iglesia saludable está llena de personas que tienen un corazón por el evangelio, y tener un corazón por el evangelio es tener un corazón por la verdad, es decir, la presentación de Dios mismo para nuestra necesidad, la provisión de Cristo y nuestra responsabilidad.

Dios, El Hombre, Cristo, La Respuesta

Cuando presento el evangelio a una persona, trato de recordar cuatro puntos—Dios, el hombre, Cristo y la respuesta.

¿He compartido con una persona la verdad acerca del Dios Santo y Creador Soberano?

¿He explicado claramente que nosotros, como humanos, somos una mezcla rara, ya que somos criaturas hechas a la imagen de Dios pero caídas, pecadoras y separadas de Él?

¿Puede comprender la persona con quién estoy hablando que Cristo es Dios y hombre, que es el único mediador entre Dios y el hombre, y que es nuestro sustituto y Señor resucitado?

Y finalmente, aunque hubiera compartido todo esto con él ¿puede comprender que debe responder al evangelio, y creer este mensaje de manera que se convierta de su vida de pecado y centrada en él mismo?

El Evangelio es una Oferta Radical para la Salvación

Presentar el evangelio como un aditivo que puede proporcionar a los no cristianos algo que ellos naturalmente desean (gozo, paz, felicidad, satisfacción, auto estima, amor) es parcialmente una verdad, pero definitivamente solo una verdad parcial. Como J. I. Parker menciona “una verdad a medias que se presenta como la verdad total viene a ser una mentira total.”

Fundamentalmente cada persona necesita el perdón. Necesitamos vida espiritual. Presentar un evangelio menos radical que esto, es obtener conversiones falsas y un incremento sin significado de la membresía de la iglesia, llevándonos ambos a desarrollar la tarea de evangelización al mundo alrededor de nosotros con mucha más dificultad.

Los miembros de nuestra iglesia diseminados en nuestras casas, oficinas, y vecindario verán, este mismo día, muchas más personas no cristianas, por mucho más tiempo, de lo que podrán compartir con cristianos un domingo en la iglesia. Cada uno de nosotros tiene tremendas nuevas de salvación en Cristo. No cambiemos esta oportunidad de compartirlas por otra cosa diferente. ¡Y compartámoslas ahora! George W. Truett, un gran líder Cristiano de la generación pasada y pastor de la Primera Iglesia Bautista en Dallas, Texas, dijo lo siguiente:

La máxima acusación que usted puede hacer en contra de una iglesia... es que tal iglesia carezca de pasión y compasión por las almas de las personas. Una iglesia no será mejor que un club ético si su identificación por las almas perdidas no se hace notar y no cumple la comisión de ir afuera a buscar las almas perdidas y traerlas al conocimiento del Señor Jesucristo.
Una iglesia saludable conoce el evangelio, y asimismo, esta iglesia saludable lo comparte.

4. Entendimiento Bíblico de la Conversión

El cambio espiritual de cada persona que ha sido justificada es tan radical, tan cercano a nuestra raíz, a nuestro más profundo ser, que solo Dios pudo hacerlo. Necesitamos que Dios nos convierta. La conversión no necesita ser una experiencia emocionalmente candente, como hoy se pinta en muchas llamadas “Iglesias Cristianas”. Pero si debe evidenciarse de fruto santo si ha de ser lo que la Biblia considera una verdadera conversión. La conversión ocurre en los más recónditos afectos del alma, lo cual es solo llevado a cabo por mano de Dios.

Creemos que el Arrepentimiento y la Fe son trabajos divinos, y que son gracias inseparables, efectuados en nuestras almas por medio de la regeneración del Espíritu Santo; por lo cual estando profundamente convencidos de nuestra culpa, peligro y desesperanza, y del camino de salvación por medio de Cristo, nos volvemos a Dios con una genuina contrición, confesión y súplica por misericordia; al mismo tiempo recibiendo de todo corazón al Señor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, confiando solamente en Él como el único y suficiente Salvador.

La Conversión es la Obra de Dios en Nosotros

Es de notar lo que esta declaración dice acerca de nuestra conversión, de nuestro volver. Nos volvemos porque estamos “profundamente convencidos de nuestra culpa, peligro y desesperanza, y del camino de salvación por medio de Cristo.” ¿Y cómo es que sucede este de volvernos, el cual está compuesto de fe y arrepentimiento? Esto es “efectuado en nuestras almas por medio de la regeneración del Espíritu Santo.” Esta Declaración de Fe cita dos pasajes de las Escrituras para apoyar esta idea: Hech. 11:18, “Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: !!De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” Y Efesios 2:8, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;”

Si básicamente nuestra conversión se entendiera como algo que hacemos nosotros mismos en lugar de que es Dios el que hace algo en nosotros, no sería la interpretación correcta. Aunque ciertamente, la conversión incluye nuestra acción, por lo que debemos hacer un compromiso sincero, y una decisión completamente consciente. Aun así, la conversión es mucho más que eso. Las Escrituras son claras al enseñar que no todos estamos yendo hacia Dios, algunos han encontrado el camino, mientras que otros todavía lo están buscando.

En lugar de esto, Las Escrituras nos presentan la necesidad de tener nuestros corazones reemplazados, nuestras mentes transformadas y nuestros espíritus vivificados. No podemos realizar ninguno de estos actos. El cambio que cada humano necesita, sin considerar la apariencia que podamos mostrar, es radical, tan cerca de nuestra raíz humana, que solo Dios puede hacerlo. Necesitamos que Dios nos convierta.

“Tú no Eres uno de los del Señor!”

Recuerdo la historia de Spurgeon, que mientras caminaba en Londres un hombre ebrio se le acercó y apoyándose en un poste de luz, le dijo, “¡Oiga, Sr. Spurgeon, yo soy uno de sus convertidos!”, a lo que Spurgeon contestó, “¡Tal vez eres uno de los míos, pero con seguridad no eres uno de los del Señor!”

“Testimonio Invertido” de la Iglesia          

Uno de los resultados de malinterpretar la enseñanza de la Biblia en cuanto a la conversión es que las iglesias evangélicas están llenas de personas que hacen un sincero compromiso en cierto punto de sus vidas, pero que evidentemente no han experimentado el cambio radical que la Biblia presenta como conversión. Según un estudio reciente realizado por la Convención de los Bautistas del Sur, los Bautistas del Sur tienen un alto índice de divorcios que sobrepasa al promedio nacional de Los Estados Unidos. La causa de este “testimonio invertido” entre estos seguidores de Cristo de buena reputación debe de ser, por lo menos en parte, debido a una predicación no bíblica acerca de lo que significa la conversión

Los Frutos son Evidencias de la Conversión

En realidad, la conversión no necesita una experiencia fogosa emocional, pero debe ser evidenciada por sus frutos, si es en realidad lo que la Biblia considera una conversión real. El entendimiento bíblico de lo que significa la conversión es una de las marcas de una iglesia saludable.

5. Entendimiento Bíblico del Evangelismo

El cómo alguien comparte el evangelio esta cercanamente relacionado al como él entiende el evangelio. Presentarlo como algo adicional que proporciona a los no cristianos algo que ellos naturalmente desean (gozo o paz) es presentar una media verdad, lo cual provoca falsas conversiones. Toda la verdad es que nuestra necesidad más profunda es la vida espiritual, y que la nueva vida solo viene al arrepentirnos de nuestros pecados y creer en Jesús. Presentamos el evangelio abiertamente, y dejamos la conversión a Dios.

Consecuencias del Descuido

Repasemos lo que hemos considerado hasta aquí las marcas que determinan a una iglesia saludable: predicación expositiva, teología bíblica y un entendimiento bíblico del evangelio y la conversión. Una de las maneras de decir cuán importante son estos aspectos es a través de considerar las consecuencias que sufren aquellas congregaciones que los pierden.
Los Sermones pueden fácilmente convertirse en repeticiones trilladas de verdades que ya son conocidas. El cristianismo puede perder sus distintivos que lo diferencia con respecto a la cultura secular. El evangelio puede desempeñar un papel tan limitado a tan solo un auto- ayuda espiritual. La conversión puede degenerarse de ser un acto de Dios a meramente una solución humana.

Por lo que dichas congregaciones, con una predicación superficial, un pensamiento secular y un evangelio centrado en el hombre mismo que tan solo anima a confesar verbalmente una sola vez su creencia en Cristo (usualmente mal aplicando Romanos 10:9), no pueden ser buenos heraldos de las tremendas nuevas de salvación en Cristo.

El Evangelismo Formado por Medio del Entendimiento de la Conversión

Un entendimiento bíblico del evangelismo es crucial para todos los miembros de la iglesia, y particularmente para los líderes que tienen el privilegio y la responsabilidad de enseñar. Definitivamente el cómo se comparta el evangelio está íntimamente relacionado con el entendimiento que se tenga del evangelio mismo. Si su pensamiento en cuanto a Dios, el evangelio, la necesidad humana y la conversión ha sido basado en la Biblia, entonces naturalmente surge un entendimiento correcto del evangelismo. Por esto, debemos estar más atentos a conocer y enseñar el evangelio propio, que tan solo a tratar de enseñar a las personas métodos y estrategias de compartir las buenas nuevas.

Definición de Evangelismo

Bíblicamente, evangelismo es presentar las buenas nuevas abiertamente y confiar en Dios para convertir a las personas (Hechos 16:14). “La salvación viene del Señor” (Jonás 2:9; conf. Juan 1:12-13). De cualquier manera que tratemos de forzar nacimientos espirituales, será tan efectivo como Ezequiel tratando de juntar los huesos secos, o Nicodemo tratando de nacer de nuevo por sus propios medios. Y el resultado será similar.

Es Dios quien Convierte a las Personas

Si se entiende la conversión meramente como un compromiso sincero que se hizo una sola vez, entonces tenemos que llevar a cada persona al punto de una confesión verbal y compromiso de cualquier forma que podamos. Aunque queramos cuidar, rogar o persuadir, bíblicamente, nuestra primera tarea es ser fieles a la obligación que tenemos de parte del Señor, de presentar las misma Buenas Nuevas que él nos ha dado. Entonces Dios dará la conversión como consecuencia de que presentemos las Buenas Nuevas (Juan 1:13; Hechos 18:9-10).

Es alentador ver como nuevos cristianos de manera innata parecen estar conscientes de la gracia efectuada en su salvación. Probablemente usted ha escuchado testimonios, quizás en las últimas semanas o meses, que lo hacen recordar que la conversión es un trabajo de Dios. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9).

Cuando la Membresía Sobrepasa la Asistencia

Si la membresía de la iglesia es notablemente más grande que su asistencia, la pregunta que debe hacerse es: ¿Tiene esa iglesia un entendimiento bíblico de la conversión? Aún más allá, nosotros debemos preguntarnos ¿Qué clase de evangelismo está siendo practicado, de manera que se den estos resultados en un gran número de personas, quienes no están involucradas en la vida de la iglesia, y considerarse aún como miembros de ella de forma satisfactoria y evidente de su propia salvación? ¿Ha objetado esta situación la iglesia de alguna forma, o pareciera que ha admitido esta situación por medio de guardar silencio? La disciplina bíblica en la iglesia es parte de su evangelismo.

Tres Verdades a Transmitir

En mi propia experiencia, al evangelizar a las personas, dejo en ellas tres cosas que deben considerar en cuanto a la decisión por el Evangelio:

Primero, la decisión tiene un costo (por lo que se debe de considerar cuidadosamente, ver Lucas 9:62).

Segundo, la decisión es urgente (por lo que debe hacerse pronto, ver Juan 3:18,36).
Tercero, la decisión es valiosa (y por lo tanto debería de hacerse con ánimo, ver Juan 10:10).
Este es el balance que nosotros debemos alcanzar en nuestro evangelismo entre nuestros amigos y familiares. Este es el balance que debemos perseguir para nuestro evangelismo en toda nuestra iglesia.

Por lo tanto, otra marca de una iglesia saludable es el entendimiento bíblico y práctico del evangelismo. El único crecimiento verdadero es el crecimiento que viene del Dios.

6. Entendimiento Bíblico de la Membrecía de la Iglesia

La membrecía debe reflejar un compromiso vivo a una iglesia local en asistencia, dar, oración y servicio, de otro modo sería sin sentido, sin valor e incluso peligroso. No debemos permitir mantener la membrecía de personas en nuestras iglesias por razones sentimentales o por una falta de atención. Ser miembro es estar intencionalmente viajando juntos como extranjeros en un este mundo mientras nos dirigimos a nuestro hogar celestial.

La Membresía según la Biblia

Aunque algunas iglesias no creen en una membresía definida, tal doctrina y práctica tiene su base bíblica. En estos párrafos se expone la base Bíblica, de una membresía definida en la iglesia local.

La constitución misma del pueblo de Dios (tanto en el Antiguo Pacto como en el Nuevo Pacto) implica una membresía definida así como los requisitos delineados en el Nuevo Testamento acerca de quién pertenece a la iglesia implican una membresía definida. Hay varios pasajes que describen a la iglesia como un cuerpo formado de miembros y esos pasajes explícitamente enseñan una membresía definida.

La iglesia como cuerpo de Cristo y los creyentes como miembros de ese cuerpo es una de las imágenes o descripciones de la iglesia más común en el Nuevo Testamento. Esa descripción se usa tanto de la iglesia universal (Efesios 1:22, 23) como de la iglesia local (1 Corintios 12:27).

Esa imagen también enfatiza la verdad que los creyentes, tanto individual como corporalmente, están unidos con Cristo. La salvación se puede resumir en la frase “unión con Cristo” o como la favorita de Pablo, simplemente “en Cristo.”Existe, por lo tanto, una interdependencia, una comunión, una mutualidad en el cuerpo de Cristo porque es el cuerpo de Cristo. La esencia de esa relación es unidad y comunión genuina. Es precisamente esa unidad y comunión la que se expresa en una iglesia local por medio de una membresía. Una vez que una persona es unida a Cristo en salvación, tal persona es unida a la iglesia (no puede ser de otra manera pues la iglesia es el cuerpo de Cristo).

Hechos 2:41 dice “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”
 Pero ahora una persona puede profesar la fe y no ser bautizado si no quiere y no ser añadido a la iglesia si no quiere, o ser bautizado más no ser añadido – ¡la práctica contemporánea está tan lejos del patrón bíblico! Los siguientes pasajes contienen por lo menos una de las tres palabras claves del tema de la membresía en al iglesia - cuerpo, miembro y cabeza - Romanos 12; 1 Corintios 10:16, 17; 1 Corintios 12; Efesios 1:22, 23; 2:16, 19; 3:6; 4:4, 12, 15, 16, 25; 5:23, 30; Colosenses 1:18, 24; 2:19 y 3:15.

Pero sólo se presentan en este tratado la esencia de tres pasajes ejemplares: Romanos 12:3-8, 1 Corintios 10:16, 17 y 12:12, 27. Romanos 12:3-8 En este pasaje el apóstol se dirige a una iglesia y a cada uno en particular: “cada cual que está entre vosotros.” Su ilustración es sencilla y poderosa: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función.” Su aplicación es clara y directa: “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” Su enseñanza asume no sólo que Dios en verdad da dones a cada cristiano, pero que tales dones han de ser usados por los miembros de la iglesia para el beneficio de los demás miembros de la iglesia.

En conclusión, este pasaje enseña que hay una membresía definida en el cuerpo de Cristo, la iglesia, – “cada cual que está entre vosotros” – “cada cual” se refiere a cada miembro, el “vosotros” se refiere a la iglesia.
(Cursivas añadidas)

Sin embargo, hay listados de personas relacionadas con la iglesia del Nuevo Testamento. Estas eran algunas veces viudas que eran ayudadas por la iglesia (I Tim. 5) o los nombres en el Libro de la Vida del Cordero (Filip. 4:3; Apoc. 21:27). Asimismo, existen pasajes en el Nuevo Testamento que infieren una definición clara de las fronteras que limitaban a los miembros de una iglesia. La iglesia conocía a los miembros de ella. Por ejemplo, en las cartas de Pablo a la iglesia de Corinto se muestra que algunos miembros de ella fueron expulsados (ej., I Cor. 5) y otros eran incluidos (ej. II Cor. 2). En este último ejemplo Pablo menciona aún el término “la mayoría” de personas (II Cor. 2:6) de quienes se refiere como habiendo “realizado el castigo” que le impuso de expulsión de la iglesia. Esta mayoría podría referirse a la mayoría de las personas que era reconocidas como los miembros de la iglesia.

La Membresía es un Compromiso

La práctica entre los cristianos de la membresía eclesiástica se ha desarrollado como un intento en la ayuda de mantenernos firmes unos con los otros en responsabilidad y amor. A través de identificarnos con una iglesia en particular, estamos haciendo saber a los pastores y otros miembros de esa iglesia local que intentamos estar comprometidos en asistencia, ofrenda, amor y servicio. Nosotros incrementamos las expectativas de otros hacia nosotros en estas áreas y hacemos notar que somos la responsabilidad para esa iglesia local.

Aseguramos a la iglesia de nuestro compromiso para Cristo a través de servirles, asimismo los animamos a ellos a que se comprometan a servirnos en amor y a ser de ánimo para nuestro crecimiento espiritual o discipulado.

En este sentido, la idea de la membresía eclesiástica es una idea bíblica. Proviene entre otras cosas de la analogía que usa Pablo del cuerpo al referirse a la iglesia local. El concepto viene de la salvación de Cristo para nosotros por medio de su Gracia de manera que nos coloca en las iglesias para servirle en amor mientras servimos a otros. Viene también de una obligación mutua, como está definido en palabras de las Escrituras tales como “juntos” y “unos con otros”. Todo esto esta condensado en el Pacto de una iglesia saludable.

No debería de sorprendernos que el entendimiento del evangelismo, la conversión y el mensaje del evangelio de acuerdo a la Biblia con lleva implicaciones en la manera en que concebimos la membresía eclesiástica. Comenzaremos a ver menos la membresía como una afiliación superficial, que es útil solo en algunas ocasiones, y más como una responsabilidad permanente que nos involucra en la vida de los otros para los propósitos del evangelio.

La Brecha entre la Membresía y el Involucramiento

No es difícil encontrar una gran brecha entre la membresía de la iglesia y la cantidad real de personas que están activamente involucrados. Imagínese una iglesia de 3,000 miembros con solo una asistencia regular de 600. Temo que muchos pastores evangélicos hoy en día estén más orgullosos de la membresía registrada que preocupados por la asistencia. De acuerdo a un estudio reciente en la Convención de los Bautistas del Sur, este es un fenómeno normal. Una iglesia típica Bautista del Sur tiene 233 miembros con una asistencia de 70 en el servicio de adoración de un domingo por la mañana. ¿Es nuestra ofrenda mejor? ¿Qué congregación tiene presupuestos que equivalgan, o mucho menos excedan, al 10 por ciento del ingreso anual combinado de sus miembros?

La Membresía es una Responsabilidad

Con excepción de casos en que limitaciones físicas impidan la asistencia o de problemas financieros que impidan el dar, ¿No creen que esta situación represente a una membresía que no trae consigo un involucramiento responsable? ¿Cuál es entonces el significado de sus miembros? Las estadísticas en números pueden llegar a ser fácilmente tan ídolos como las mismas figuras de imágenes. Pero pienso que Dios valorará más nuestras vidas, y pesará más nuestro trabajo que el contar nuestras estadísticas.

Si la iglesia representa un edificio entonces nosotros tenemos que ser ladrillos en ella; si la iglesia es un cuerpo, entonces nosotros somos sus miembros; y si la iglesia es una familia de la fe, se presume que nosotros somos parte de esa familia. Las ovejas pertenecen a una manada y las ramas pertenecen a una viña. Bíblicamente, si alguien es cristiano debe ser miembro de una iglesia.

Dejando a un lado por el momento cuestiones particulares tales como si las listas de membresía deben mantenerse en tarjetas blancas o en discos de computadora, no debemos de olvidar nuestra asamblea regular (Heb. 10:25). Esta membresía no es simplemente un registro de una declaración que una vez hicimos, o un afecto hacia algún lugar familiar. Esto debe ser la reflexión de un compromiso vivo, de otra forma, no tiene ningún valor, y aún más que sin valor, se vuelve peligroso.

La Membresía es un Testimonio Corporativo de la Salvación

Aquellos miembros que no están involucrados confunden tanto a los miembros reales como a los no cristianos con lo que significa ser un cristiano. Los miembros “activos” no hacen a los voluntariamente “inactivos” miembros un servicio cuando ellos les permiten permanecer como miembros de la iglesia; ya que la membresía es el respaldo corporativo de la salvación de una persona. De nuevo, esto debe ser claramente entendido: la membresía en una iglesia es el testimonio corporativo de la iglesia en la salvación individual de un miembro.

¿Cómo puede una congregación testificar honestamente de alguien que no se mira en la iglesia, de que está corriendo la carrera de la fe fielmente? Si los miembros han abandonado nuestra compañía y no se reúnen en ninguna otra iglesia bíblica de creyentes ¿qué evidencia podemos dar de que ellos son parte de nosotros? No podemos necesariamente asegurar que tales personas, que no están involucradas, no sean cristianas; simplemente no somos capaces de afirmar que lo sean. No tenemos que decirles que sabemos que ellos van al Infierno, solamente que no podemos decirles tampoco que estamos seguros que ellos van a ir al Cielo.

Membresía con Significado

No es necesaria la perfección, pero sí la honestidad, para una iglesia que quiera practicar una membresía bíblica. No es cuestión de decisiones superficiales sino de un auténtico discipulado. La membresía no está hecha de experiencias individuales únicamente, sino de declaraciones corporativas de aquellos que han pactado con Dios y con los demás miembros de la iglesia.

Personalmente, espero que las estadísticas de la membresía de la iglesia a la cual sirvo, lleguen a tener mayor significado, así como todos aquellos que son miembro nominales vengan a ser en realidad miembros de verdad. Para muchos, esto ha significado el ver sus nombres fuera de nuestros registros (pero no de nuestros corazones). Para otros, ha significado un compromiso renovado para la vida de la iglesia. Nuevos miembros están siendo instruidos en la fe y en la vida de nuestra iglesia. Muchos de nuestros miembros actuales necesitan similar instrucción y ánimo. Tal como hemos anhelado ser una iglesia Bautista saludable al igual que en nuestra historia pasada, nuestras estadísticas en asistencia, una vez más, han excedido al número de miembros de la iglesia. No hay duda también, que este debería ser el deseo para su iglesia.

El retomar la práctica de ser cuidadosos en cuanto a la membresía de la iglesia tiene muchos beneficios. Esto hará que nuestro testimonio sea más claro al no creyente. Será más difícil para aquellas ovejas débiles extraviarse del rebaño y al seguirse considerando ovejas de él. Ayudará asimismo a enfocar y formar el discipulado para obtener más cristianos maduros. Será de ayuda a nuestros líderes de las iglesias el conocer por quienes son realmente responsables. Y en todo esto, Dios será glorificado.

Ore para que la membresía de la iglesia pueda llegar a tener un significado más profundo de lo que actualmente tiene, de manera que podamos saber mejor quienes son aquellos sobre los cuales somos responsables, y en esta forma poder orar por ellos, animarlos y desafiarlos. No deberíamos permitir a las personas mantener su membresía en nuestras iglesias por puras razones sentimentales. Bíblicamente hablando, tal membresía no es en lo absoluto una membresía. En el pacto de nuestra iglesia prometemos también que “Cuando nos traslademos a otro domicilio, tan pronto como sea posible, nos uniremos a otra iglesia donde podamos poner en práctica el espíritu de este pacto, así como los principios de la Palabra de Dios.” Este compromiso es parte de un discipulado saludable, particularmente en nuestra época de tantos cambios y traslados.

El significado de la membresía de una iglesia es estar incorporado de manera práctica al cuerpo de Cristo. Significa el viajar juntos como extranjeros y extraños en este mundo, mientras llegamos a nuestra morada celestial. Ciertamente, otra marca de una iglesia saludable es un entendimiento bíblico de la membresía de la iglesia.

7. Disciplina Bíblica de la Iglesia

La disciplina de la iglesia nos da los parámetros de la membrecía de la iglesia. La idea hoy en día parece negativa a las personas –“¿no nos prohíbe el Señor juzgar?” Pero si no podemos decir como un cristiano debe vivir, ¿Cómo podemos decirle a él o ella como vivir?
Cada iglesia local realmente tiene una responsabilidad bíblica de juzgar la vida y la enseñanza de sus líderes, y aun de sus miembros, especialmente al grado en que cada uno pueda comprometer el testimonio de la iglesia al evangelio.

La séptima marca de una iglesia saludable es la práctica regular de la disciplina eclesiástica. Una práctica bíblica de la disciplina eclesiástica da significado al hecho de ser miembro de una iglesia. Aunque esto ha sido comúnmente practicado por las iglesias desde los tiempos de Cristo, hoy en día y en las últimas generaciones, se ha disipado de forma regular tal práctica en la vida de la iglesia evangélica.

Dios Exige Santidad

Como humanos fuimos creados originalmente para llevar la imagen de Dios, y así ser testigos del carácter de Dios a Su creación (Gén. 1:27). De manera que no es sorpresa que a través de todo el Antiguo Testamento, a medida que Dios formaba un pueblo para sí mismo, los instruía a que fueran santos, para que su carácter fuera reflejo cercano de Él mismo (Lev. 19:2; Prov. 24:1,25). Esta fue la base para corregir y aún excluir algunos de la comunidad en el Antiguo Testamento (por ej. Núm.15:30-31), y esta es la base para que la iglesia del Nuevo Testamento sea formada en este principio (II Cor. 6:14-7:1, 13:2; I Tim. 6:3-5; II Tim. 3:1-5).

El Acto de Juzgar

Sin embargo esta idea parece ser muy negativa en las mentes de las personas hoy en día. Después de todo ¿no es cierto que nuestro Señor Jesús prohibió el juzgar en Mateo 7:1? Ciertamente, Jesús prohibió el juzgar en un sentido en Mateo 7:1; pero en el mismo evangelio, Jesús claramente llamó a la Iglesia a reprender a aquellos de los de la Iglesia, por causa de su pecado, y aún a hacerlo públicamente (Mat. 18:15-17; Luc. 17:3). De manera que lo que sea que Jesús quiso decir al mencionar que está prohibido el juzgar en Mat. 7:1, ciertamente no se aplica a todo aquello que se circunscribe bajo el término “juzgar.”

Dios mismo es un Juez. Él estuvo en el Jardín del Edén, y nosotros permanecemos bajo su justo juicio en tanto permanezcamos en nuestros pecados. En el Antiguo Testamento, Dios juzga tanto a las naciones como a los individuos, y en el Nuevo Testamento como cristianos estamos advertidos que nuestras obras serán sometidas a juicio (I Co. 3). Dios disciplina a sus hijos en amor, y con ira. Él condena a los impíos (Heb. 12). Por supuesto, en el día del juicio final, Dios se revelará como el Supremo Juez (Ap. 20). En todos estos aspectos de juicio, Dios nunca se equivoca, siempre es justo (Jos. 7; Mat. 23; Luc.2; Hech. 5; Rom. 9).

Dios Espera que la Iglesia Ejercite Juicio

Para muchos hoy en día es una sorpresa aprender que Dios permite también que otros emitan juicio. Al gobierno se le ha otorgado la responsabilidad de juzgar (Ro. 13). También se nos ha dicho que debemos de examinarnos, juzgarnos a nosotros mismos (I Co. 11:28; Heb. 4; II Pe. 1:5). Las palabras de Jesús en Mateo 18, las de Pablo en I Corintios 5-6 y otros muchos pasajes, claramente enseñan que la iglesia está para ejercer juicio en ella misma, y ese juicio es con propósitos redentores y no de venganza (Ro. 12:19). En el caso del hombre que cometió adulterio en el libro de los Corintios, y el de los falsos maestros en Efesios, Pablo comunica que ellos deben de ser excluidos de la iglesia y entregados a Satanás de forma que ellos puedan aprender mejor de manera que sus almas puedan ser salvas (I Co. 5; I Tim. 1).

No debe de sorprendernos que debamos ser instruidos en el ejercicio de juzgar. Después de todo, si no podemos decir como no debe vivir un cristiano, ¿Cómo podemos decir cómo debe vivir él o ella? Una de mis preocupaciones acerca de muchos programas de discipulado de las iglesias es que ellas están vertiendo agua en baldes rotos, toda la atención está dada en lo que se está vertiendo sin mayor interés de cómo está siendo recibido y mantenido.

La Puerta de Enfrente Cerrada y la de Atrás Abierta

Un escritor en el campo del Igle-crecimiento recientemente ha resumido su consejo acerca de cómo hacer crecer a una iglesia de la manera siguiente: “Abre la puerta de enfrente y cierra la de atrás.” Lo que él quiere decir es que debemos trabajar para hacer la iglesia más accesible a las personas y hacer un mejor trabajo de seguimiento. Considero que ambos objetivos son buenos. Sin embargo la mayoría de pastores hoy en día aspiran a tener iglesias con las puertas abiertas al frente y las de atrás cerradas. En lugar de esto, deberíamos intentar seguir el patrón bíblico que nos lleva a la siguiente estrategia: “Cierra la puerta de enfrente y abre la de atrás.” En otras palabras, hay que hacer más difícil su entrada, en cierto sentido, en el sentido de explicar y hacer ver a las personas lo que cuesta real y Bíblicamente seguir a Cristo, y la obra que Él llevo a cabo, no siendo esto cosa fácil por un lado(Luc. 14:25-33;; Mat. 19:16:30),esto sería la inclusión y, por el otro lado, más fácil la exclusión. Tales acciones ayudarán a la iglesia a recuperar su propósito divino, y el atractivo que la distinga del mundo, a fin de cuentas es la Iglesia de Cristo y es Él quien edifica su Iglesia. (Cursivas añadidas)

Llevando Nuevos Miembros a la Iglesia

Esta disciplina debe ser reflejada primeramente en la manera en que aceptamos a los nuevos miembros. Nos preguntamos ¿si esos llamados miembros deben ser de nuestro conocimiento que están viviendo vidas que glorifican a Cristo? ¿Entendemos la seriedad del compromiso que estamos haciendo con ellos y ellos con nosotros? Si somos más cuidadosos acerca de cómo reconocemos y recibimos a los nuevos miembros, tendremos menos ocasión para practicar la disciplina correctiva de la iglesia en un futuro.

Ejercitando la Disciplina con Responsabilidad

Por supuesto debe reconocerse que cualquier tipo de disciplina eclesiástica puede ser hecha inadecuadamente. En el Nuevo Testamento hemos sido enseñados a no juzgar a otros, basándonos en las motivaciones que nosotros les imputemos a ellos (Mat. 7:1), o juzgarnos unos a otros acerca de asuntos que no son esenciales (Ro. 14-15). Este tema produce tensión a los pastores en cuanto a su aplicación, pero debemos recordar que la vida cristiana no es fácil en su totalidad y puede dar lugar a caer en abuso. Pero nuestras dificultades no deben ser usadas como excusa para dejar de lado aquellas cosas que debemos poner en práctica. Cada iglesia local tiene la responsabilidad de juzgar la vida y enseñanza que están desempeñando sus líderes, y aún de sus miembros, particularmente cuando dicho comportamiento llega a comprometer el testimonio de la iglesia, para la expansión del evangelio (Hech.17; 1 Cor. 5; 1 Tim. 3; Santgo. 3:1; 2 Pe. 3; 2 Jn.).

Cinco Razones de por qué la Disciplina Correctiva

La bíblica disciplina eclesiástica es simplemente obediencia a Dios, y una simple confesión de que necesitamos su ayuda. A continuación doy cinco razones positivas para que haya tal disciplina en la iglesia: su propósito es positivo (1) para el individuo disciplinado, (2) para otros cristianos cuando ven el peligro del pecado, (3) para la salud de iglesia como un todo, y (4) para el testimonio corporativo de la iglesia. Sobre todo, (5) porque nuestra santidad es para reflejar la Santidad de Dios. El ser miembro de una iglesia debe tener un gran significado, no para nuestro orgullo, pero para la gloria del Nombre de Dios. La bíblica disciplina eclesiástica es otra marca de una iglesia saludable.

8. Un interés por el Discipulado y Crecimiento Cristiano

Existe hoy una penetrante preocupación por el crecimiento de la iglesia, no tanto por el crecimiento numérico, sino con el crecimiento de los miembros. Aunque muchos cristianos miden otras cosas, la única señal observable de crecimiento en una Iglesia Saludable es una vida de santidad creciente, teniendo su raíz en una abnegación cristiana, estos conceptos son casi extintos en la iglesia moderna. Recuperar el verdadero discipulado para hoy edificará a la iglesia y promoverá un testimonio más clara al mundo.

Crecimiento Cristiano

Otra marca que distingue a una iglesia saludable es un interés profundo en el crecimiento de la iglesia, pero no solo en el sentido numérico sino en el crecimiento espiritual de los miembros. Algunos piensan hoy en día que un cristiano puede ser un “bebé espiritual” por el resto de su vida. Parece ser, que para algunos discípulos, el crecimiento lo miran como algo opcional y no necesario. Pero el crecimiento es señal de vida. Los árboles que tienen vida son aquellos que crecen, y los animales que tienen vida son aquellos que crecen. El crecimiento involucra un aumento y avance. En muchas áreas la experiencia nos muestra que cuando algo deja de crecer, se muere.

Pablo esperaba que los corintios crecieran en su fe cristiana (II Co. 10:15). Asimismo, él esperaba que los efesios “crecieran en Aquel que es la cabeza es decir, Cristo” (Ef. 4:15; Col. 1:10; II Tes. 1:3). Pedro dio también esta exhortación a los primeros cristianos, “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (I Ped. 2:2). Es una tentación para los pastores reducir a la iglesia a un mero concepto estadístico de asistencia, bautismos, ofrenda y membresía, donde el crecimiento es tangible; sin embargo, tales estadísticas se quedan cortas del verdadero crecimiento del cual escribe Pablo, y el cual desea el Señor.

La Santidad es Evidencia del Crecimiento

En su Tratado Concerniente a las Emociones Religiosas, Jonathan Edwards sugiere que el verdadero crecimiento en el discipulado cristiano no es finalmente una mera emoción, en la cual se aumenta el lenguaje religioso o se aumenta el conocimiento de las Escrituras. Ni es tampoco un evidente incremento en gozo o en amor o en la preocupación por la iglesia. Aún, el aumento en el celo y alabanza por Dios, o la confianza plena en nuestra fe no son evidencias infalibles del verdadero crecimiento cristiano. ¿Entonces qué es? Según Edwards, aunque todas estas puedan ser evidencias de un crecimiento cristiano, el único signo tangible y cierto es una vida de santidad ascendente, fundamentado en el concepto cristiano de morir a nuestro “yo.” La iglesia debe ser marcada por el cuidado vital de este crecimiento piadoso en la vida de cada uno de sus miembros.

El Descuido de la Disciplina Impide el Crecimiento

Tal como hemos visto en la séptima marca, uno de los resultados inesperados como consecuencia del descuido de una disciplina adecuada en la iglesia es la mucha dificultad en hacer discípulos. En una iglesia con carencia de disciplina, los ejemplos no son claros y los modelos son confusos. Ningún jardinero planifica el plantar hierba mala. La hierba mala es intrínsecamente indeseable, y ella puede producir malos efectos para las plantas que la rodean. El plan de Dios para la iglesia local no permite que dejemos la mala hierba sin ningún control.

Creciendo Juntos en Comunidad

Los buenos testimonios de una comunidad de creyentes con un compromiso fuerte pueden ser muy buenas herramientas en las manos de Dios para el crecimiento de su pueblo. A medida que el pueblo de Dios crece y se fortalece en santidad y entrega total de amor, debe mejorar su habilidad de administrar disciplina y motivar el discipulado. La iglesia tiene la obligación de ser un medio para que el pueblo de Dios crezca en gracia. Si en lugar de esto encontramos lugares donde solamente los pensamientos del pastor son enseñados, donde Dios es más cuestionado que adorado, donde el evangelio se diluye y el evangelismo se tuerce, donde la membresía de una iglesia carece de significado, y un culto mundano alrededor de la personalidad del pastor es permitido, entonces será difícil esperar hallar una comunidad que sea unida o edificante. Tal iglesia ciertamente no traerá gloria a Dios.

Apariencias de un Crecimiento

Dios es glorificado en aquellas iglesias que están creciendo. Este crecimiento puede verse de muchas maneras: por el incremento de personas que son llamadas al campo misionero; por miembros antiguos que son refrescados con un renovado sentido de responsabilidad en su tarea evangelizadora; por miembros jóvenes asistiendo a funerales de miembros mayores motivados por el puro amor de los unos con los otros; por el aumento en la oración, y un deseo de disfrutar más predicaciones; por las reuniones de la iglesia que se caracterizan por genuinas conversaciones espirituales; por un aumento en las ofrendas, y por ofrendantés dando sacrificialmente; por más miembros compartiendo el evangelio con otros; por padres redescubriendo su responsabilidad de educar a sus hijos en la fe. Estos son solamente algunos ejemplos del tipo de crecimiento de iglesia por el cual los cristianos deben orar y trabajar.

Dios es Glorificado en el Crecimiento

Cuando vemos ciertamente a una iglesia que está compuesta por miembros que están creciendo a la semejanza de Cristo ¿Quién se lleva el mérito o la gloria? “Dios... quien da el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino solo Dios quién es el que hacer crecer” (I Cor. 3:6b-7; Col. 2:19). También la bendición final que Pedro escribió a los primeros cristianos fue expresada en modo imperativo: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.” (II Pe. 3:18). Pudiéramos pensar que nuestro crecimiento nos traiga gloria a nosotros mismos. Pero Pedro lo sabía mejor. “manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.” (I Ped. 2:12). Obviamente, él recordaba las palabras de Jesús: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, ”, aquí seguramente podríamos pensar que solamente quería hacer ver que es natural caer en la trampa de la auto-admiración, pero Jesús continuó: “y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mat. 5:16). Trabajar para promover el discipulado y el crecimiento es otra marca de una iglesia saludable.

9. Entendimiento Bíblico del Liderazgo

En lo que a menudo están de acuerdo los bautistas del siglo dieciocho y los presbiterianos es con respecto que si debe haber una pluralidad de ancianos en cada iglesia local. Esta pluralidad de ancianos no es solo bíblica, sino práctica –tiene un gran beneficio en complementar los dones del pastor para asegurar una guía apropiada de la iglesia de Dios.

El Oficio Bíblico del Anciano

¿Qué tipo de liderazgo existe en una iglesia saludable? ¿Una congregación comprometida con Cristo, con el don de servir? Sí. ¿O diáconos que son modelos de servicio en todas las aéreas de la iglesia? Sí. ¿O un pastor que fielmente predica la palabra de Dios? Sí. Pero bíblicamente, existe algo más, que también es parte del liderazgo de una iglesia saludable: los ancianos.

Es mi oración como pastor que Cristo colocará entre su pueblo hombres quienes, por sus dones espirituales y cuidado pastoral, indican que Dios les ha llamado para ser ancianos u obispos (las palabras son usadas intercambiablemente en la Biblia; ej. Hech. 20). Oro para que Dios provea y capacite a tales discípulos para la enseñanza y trabajo del cuidado pastoral en nuestra congregación. Si se mira con claridad que Dios ha capacitado a un determinado hombre en la iglesia, y si después de haber orado, la iglesia reconoce sus dones, entonces él deberá ser asignado como un anciano.

Breve Historia de los Ancianos

Todas las iglesias han tenido hombres quienes han ejecutado funciones de ancianos, aunque estos fuesen llamados por otros nombres. Los dos nombres en el Nuevo Testamento para este oficio eran episcopos (obispos) y presbíteros (anciano). Cuando los evangélicos escuchan la palabra “anciano”, muchos inmediatamente lo relacionan con “Presbiteriano”, a pesar de que en el siglo dieciséis, los primeros congregacionalistas enseñaron que el presbiterio fue un oficio en la iglesia del Nuevo Testamento. Los ancianos pudieron hallarse en las iglesias Bautistas de Norte América a lo largo del siglo dieciocho y diecinueve. De hecho, el primer presidente de la Convención de los Bautistas del Sur, llamado W. B. Johnson, escribió un tratado en el cual hace un llamado a la práctica de tener una pluralidad de ancianos, y que sea reconocida bíblicamente y además imitada por más iglesias Bautistas. La petición de Johnson no fue escuchada.

Ya sea por la falta de atención a la Escritura, o la presión de la vida en esas regiones donde vivían, en la cual las iglesias estaban creciendo aceleradamente, la práctica de cultivar tal liderazgo declinó. Sin embargo la mesa de discusión de los Bautistas continuó en cuanto a retomar este oficio bíblico. Llegando hasta principios del siglo veinte las publicaciones bautistas se referían a los líderes con el título de “anciano.”

La Congregación es la Autoridad Final

Los Bautistas y los Presbiterianos han tenido dos diferencias básicas en el entendimiento de los ancianos. Lo primero y más fundamental es que los bautistas son congregacionales. Eso significa que ellos entienden que el discernimiento final de cualquier aspecto no descansa sobre los ancianos de la congregación (o más allá como en el modelo presbiteriano), pero sí en la congregación como un todo. Los Bautistas, por lo tanto, enfatizan la naturaleza consensual de la acción de la iglesia. De manera que en una iglesia Bautista, los ancianos, las Juntas y Comités actúan finalmente en una capacidad como consejeros a la congregación total.

Una observación más es en relación al orden de autoridad de la asamblea congregacional. La asamblea congregacional es la única corte final de veredicto que Cristo dejara; no existe otra autoridad local sobre la que se rija la iglesia. Una y otra vez hallamos en el Nuevo Testamento evidencias de lo que parecería ser un estilo temprano de liderazgo congregacional. Encontramos en Mateo 18 a Jesús enseñando a sus discípulos acerca de confrontar a un hermano hallado en pecado. La última autoridad no son los ancianos, los obispos o el papa, tampoco un Consejo o Convención. La corte final es la congregación. En Hechos 6, los apóstoles delegaron la decisión de establecer diáconos a la congregación.
También encontramos en las cartas de Pablo evidencias de la asunción que la congregación tiene la responsabilidad final en asuntos de autoridad. En I Corintios 5, Pablo no culpa ni al pastor, ni a los ancianos o a los diáconos, sino que a la congregación por tolerar el pecado. En II Corintios 2, Pablo hace referencia a lo que la mayoría de ellos han hecho en cuanto la disciplina de un hermano en pecado. En Gálatas, Pablo llama a la congregación a discernir la enseñanza que ellos estuvieron escuchando. En II Timoteo 4, Pablo reprobó no solo los falsos maestros, sino también aquellos que les pagaron para enseñar lo que en su comezón de oídos querían escuchar. Los ancianos pueden dirigir de manera bíblica solamente bajo el marco reconocido por la congregación.

Todos los Ancianos son “Maestros-Ancianos”

El segundo desacuerdo es sobre el rol y responsabilidad de los ancianos. Los Presbiterianos hacen énfasis en la declaración de Pablo a Timoteo en I Timoteo 5:17: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.” La última frase, argumentan algunos, claramente sugiere que tienen que haber ancianos quienes su trabajo principal no era predicar o enseñar pero sí gobernar o administrar. Este es el origen de la diferencia de los Presbiterianos en cuanto a “ancianos gobernantes” (ancianos laicos) y “ancianos maestros” (ministros).

Sin embargo la palabra “especialmente” es una traducción cuestionada del original griego malista, la cual por el contexto es mejor traducida como “ciertamente” o “particularmente.” Anteriormente se leyó en I Timoteo 4:10 lo siguiente: “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente (malista) de los que creen.” Parece ser que Pablo está diciendo que habrá gente que será salva sin creer, así como que se dirigirán los asuntos de la iglesia sin predicar ni enseñar, ¿es esto así?, no: en otras palabras, ninguno de estos argumentos puede ser válido.

Los Bautistas tienden a enfatizar lo intercambiable de los términos de “anciano,” “obispo” y “pastor” en el Nuevo Testamento, y han hecho notar que en I Timoteo 3:2, Pablo claramente dijo a Timoteo que los “ancianos” deben ser “aptos para enseñar.” Y escribió a Tito que un anciano “debe apegarse a la palabra fiel, según la enseñanza que recibió, de modo que también pueda exhortar a otros con la sana doctrina y refutar a los que se opongan” (Tito 1:9). Por lo tanto, los Bautistas muy a menudo han negado la propiedad de tener ancianos que no estén capacitados en la enseñanza de las Escrituras.

Pluralidad de los Ancianos

Sin embargo, lo que los Bautistas y Presbiterianos del siglo XVIII han estado de acuerdo es que debe de existir una pluralidad de ancianos en cada iglesia local. Aunque esto no sugiere un específico número de ancianos para una congregación en particular, el Nuevo Testamento claramente hace referencia a los “ancianos” (en plural) en las iglesias locales (Ej. Hechos 14:23; 16:4; 20:17; 21:18; Tito 1:5; Santiago 5:14). Mi propia experiencia confirma la utilidad de seguir la práctica del Nuevo Testamento, hasta donde sea posible, de tener más ancianos en una iglesia local que simplemente un pastor solitario, y permitirles que sean personas arraigadas a la congregación. Esta práctica es inusual entre las iglesias Bautistas de hoy en día, pero hay una creciente tendencia y por una buena razón. Fueron necesarios en las iglesias del Nuevo Testamento, y de igual forma hoy son necesarios.

El Rol Distintivo del Pastor

Esto no significa que el pastor no tenga un rol específico. Hay muchas referencias en el Nuevo Testamento de predicaciones y predicadores que no se aplicarían a todos los ancianos de la congregación. En la epístola a los corintios, Pablo se dio exclusivamente a la predicación en una forma que los ancianos laicos en una iglesia no podrían hacerlo (Hech. 18:5; rf. I Co. 9:14; I Tim. 4:13; 5:17). Parece ser que los predicadores se movían a un lugar exclusivamente para predicar (Ro. 10:14-15), mientras que los ancianos parecían ser parte ya de la comunidad. (Ti. 1:5). (Para mayor entendimiento en estos aspectos puede leer Una Manifestación de la Gloria de Dios, [Centro para la Iglesia Reformada/Ministerio de las Nueve Marcas: 2001].

Los Beneficios de la Pluralidad de los Ancianos

Es necesario recordar que el predicador o pastor es, fundamentalmente, también uno de los ancianos de la congregación. Esto quiere decir que aquellas decisiones de la iglesia que no requieran de la atención de todos los miembros, no deben de recaer solamente en el pastor sino en todos los ancianos como un todo. Aunque algunas veces pareciera voluminoso, tiene grandes beneficios para complementar los dones del pastor, compensando algunos de sus defectos, supliendo su discernimiento, y dando apoyo en las decisiones de la congregación, exponiendo menos a los líderes de una crítica injusta. También hace que los líderes estén más arraigados y permanentes, y permite también una continuidad madura. Anima a la iglesia a tomar más responsabilidad por su propia espiritualidad y ayuda a la iglesia a ser menos dependiente de su propio personal que emplean.

Distinción entre Ancianos y Diáconos

Muchas iglesias modernas han tendido a confundir el rol de los ancianos con el de los diáconos o del personal de apoyo ministerial. El rol de los diáconos está basado también en el Nuevo Testamento; su fundamento se encuentra en Hechos 6.

Mientras que la distinción de los dos oficios es difícil, los intereses de los diáconos son los detalles prácticos en la vida de la iglesia: administración, mantenimiento y el cuidado de las necesidades físicas de los miembros. En muchas iglesias hoy en día, los diáconos han tomado algún rol espiritual; pero más se ha dejado eso para el pastor. De nuevo, sería beneficioso para la iglesia distinguir entre el rol del anciano y del diácono.

El ser anciano es el oficio bíblico que sostengo como pastor: soy el anciano predicador principal. Pero todos los ancianos deben trabajar juntos para la edificación de la iglesia, reunirse regularmente a orar y discutir, o dar recomendaciones a los diáconos o la iglesia. De manera clara, este es un concepto bíblico que tiene valor práctico. Si esto se implementara en nuestras iglesias, podría ayudar a los pastores inmensamente, quitándoles peso de sus hombros y aún de sus propios subalternos tiranos que a veces se hallan en sus iglesias. Ciertamente, la práctica de dar reconocimiento a hombres laicos piadosos, con discernimiento y confiables como ancianos es otra marca de una iglesia saludable.

Conclusión

Cuando podamos asumir con certeza, que esos que se encuentran en la iglesia son regenerados, y que esos regenerados están comprometidos con la iglesia, entonces las imágenes de la iglesia del Nuevo Testamento pueden ser vívidamente ilustradas en nuestras congregaciones. Dios en su bondad, nos ha llamado a vivir la vida cristiana juntos, de manera que nuestro amor y cuidado mutuo reflejen el amor y cuidado de Dios. En el mundo las relaciones implican compromiso, con más razón y seguridad deben darse en la iglesia.
En el tercer mandamiento (Éxodo 20:7; Deuteronomio 5:11), Dios advirtió a su pueblo a que no tomaran su nombre en vano. Mucho más allá que simplemente la prohibición de una profanación, este mandamiento prohibía que alguien tomara el nombre de Dios en forma vana, vacía, sin propósito o con un propósito errado.

Este mandamiento es para nosotros en la iglesia. Muchas iglesias están enfermas hoy en día. Confundimos ganancias egoístas por crecimiento espiritual. Confundimos una mera emoción por auténtica adoración. Atesoramos aceptación en el mundo en lugar de vivir de una forma que vivamos en oposición con el mundo. No importando el tomar en cuenta los perfiles estadísticos, muchas iglesias hoy en día parecen no tener ningún interés acerca de las marcas bíblicas que debe distinguir a una iglesia vital y en crecimiento.

La salud de la iglesia debería ser del interés de todos los cristianos, y particularmente a aquellos que han sido llamados a ser líderes en la iglesia. Nuestras iglesias están para mostrar a Dios y su glorioso evangelio, a su creación. Estamos juntos para darle gloria con nuestras vidas. Esta profunda preocupación de mostrarla es nuestra digna responsabilidad y es nuestro tremendo privilegio.

Al identificar y promover estas nueve marcas, no intentamos imponer una lista exhaustiva y autoritativa. Hay otras marcas importantes de las iglesias saludables, como la oración y el compañerismo. Las cuales queremos seguir también nosotros, y queremos que usted las siga también con nosotros. Pero estas nueve marcas son las que creemos que son las más descuidadas hoy en la mayoría de las iglesias locales, con las más dañinas ramificaciones. Únase a nosotros en cultivar iglesias que reflejen el carácter de Dios.

(Tomado del libro: 9 marcas de una Iglesia Saludable por Mark Dever; Pastor en Capítol Hill Baptist Church) (Esta traducción ha sido publicada por Traducciones Evangelio, http://es.gospeltranslations.org)

 

 

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