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QUE CREEMOS

I. Creemos que todos los 66 libros de la Biblia, tal como fueron originalmente dados a hombres inspirados por el Espíritu Santo, son completamente la Palabra de Dios y, por lo tanto, es verdadera, infalible, inerrante, inexpugnable, ciertísima, segura, viva, eficaz, y la única y final regla de fe y suprema autoridad para la iglesia y la vida. (2 Timoteo 3:16; Isaías 8:20; Salmo 19; Hebreos 4:12, 2 Pedro 1:20-21).

 

II. Creemos que la necesidad primordial de la Iglesia de Cristo a través de los siglos, así como en el siglo XXI, es la sana doctrina, sustentada por una Predicación Bíblica o Expositiva; por tanto, creemos que la Biblia enseña claramente que la sana doctrina, (Tito 2:1, 1 Timoteo 1:19, 6:3-4), es un requisito previo y absolutamente necesario para la proclamación del Evangelio para la salvación, (Romanos 10:13-15, 6:17), para equipar el cuerpo de Cristo para toda buena obra, (2 Timoteo 3:16-17), y para la santificación individual, (1 Timoteo 4:5; 2 Timoteo 3:14-15). Igualmente creemos que es el principal deber de los ministros de Cristo el proclamar correctamente toda la Palabra de Dios, (2 Timoteo 4:1-5), y así unificar el cuerpo de Cristo en la madurez (Efesios 4:11-16), por lo que es absolutamente urgente asirse, aprovechar y reivindicar en serio la predicación Bíblica Expositiva de toda la Escritura, (2 Timoteo 1:8,13-14, 2:2,15), fielmente retener, enseñar, defender y publicar todo el consejo de Dios, (2 Timoteo 2:2, Hebreos 13:7; 2 Timoteo 3:16; 1 Timoteo 1:18, 3:14-16), para hacer frente e informar a la época actual y a la generación actual del cuerpo de Cristo.

III. Creemos que hay un solo Dios, (Deuteronomio 6:4; Jeremías 10:10; 1 Corintios 8:4-6), creador del hombre y de todas las cosas visibles e invisibles, (Génesis 1:1; Isaías 45:18; Colosenses 1:16). Él es quien gobierna el cielo y la tierra y todo dominio para hacer mediante ellas, para ellas y sobre ellas todo lo que le agrade, (Apocalipsis 4:11; 1 Timoteo 6:15; Romanos 11:34-36; Daniel 4:25,34-35). El único Dios ha revelado a la humanidad que eternamente existe en tres personas benditas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, (Mateo 28:19, 1 Juan 5:7-8), siendo las tres personas iguales en perfección y gloria, co-eternas y con-esenciales. No los llamamos Trinidad porque cooperan sino porque ontológicamente son un solo ser (Mateo 3:16-17; 28:19; 2 Corintios 13:14).

IV. Creemos que Cristo es el eterno Hijo de Dios, la segunda persona en la Santa Trinidad, siendo Dios verdadero y eterno, el resplandor de la gloria del Padre, consustancial con Aquel e igual a Él, (Juan 8:58; Joel 2:32 con Romanos 10:13; Salmo 102:25 con Hebreos 1:10; 1 Pedro 2:3 con Salmo 34:8; Isaías 8:12,13 con 3:15; Juan 1:1; 5:18; 20:28; Romanos 9:5; Tito 2:13; Hebreos 1:8,9; Filipenses 2:5,6; 2 Pedro 1:1; 1 Juan 5:20; Hebreos 1:2-3); quien es el Creador, el Gobernador y Sustentador de todas las cosas que existen (Colosenses 1:16). Él es la manifestación misma del Dios invisible (Filipenses 2:6; Colosenses 1:15-17), que fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de una virgen (Mateo 1:18-23, Lucas 1:26-35; Romanos 1:3,4; 9:5), tomando así forma de hombre (Juan 1:9-14, Gálatas 4:4, Filipenses 5:8, Hebreos 10:5).

Que nació bajo la ley (Gálatas 4:4.), la cumplió perfectamente y sufrió el castigo que nos correspondía a nosotros, el cual deberíamos haber llevado y sufrido, (Mateo 3:15; 5:17), siendo hecho pecado y maldición por nosotros, (Mateo 26:37,38; Lucas 22:44; Mateo 27:46); soportando las más terribles aflicciones en su alma y los más dolorosos sufrimientos en su cuerpo, (Mateo 26-27), fue crucificado y murió y permaneció en el estado de los muertos, aunque sin ver corrupción, (Filipenses 2:8; Hechos 13:37), que al tercer día resucitó de entre los muertos con el mismo cuerpo en que sufrió (Juan 20:25,27), con el cual también ascendió al cielo, (Hechos 1:9-11), y allí está sentado a la diestra de su Padre intercediendo, como el único Mediador entre Dios y los hombres, (Romanos 8:34; Hebreos 9:24). Creemos que este oficio de mediador entre Dios y el hombre es propio sólo de Cristo, quien es el Profeta, Sacerdote y Rey de la iglesia de Dios; y no puede, ni parcial ni totalmente, ser transferido de Él a ningún otro, (I Timoteo 2:5). Así mismo creemos que Cristo, por su perfecta obediencia y el sacrificio de sí mismo, (Romanos 5:19; Efesios 5:2,) que ofreció a Dios una sola vez a través del Espíritu eterno, (Hebreos 9:14,16; 10:10,14.), ha satisfecho plenamente la justicia de Dios (Romanos 3:25,26; Hebreos 2:17; 1 Juan 2:2; 4:10), ha conseguido la reconciliación, (2 Corintios 5:18,19; Colosenses 1:20-23), y ha comprado una herencia eterna en el reino de los cielos, (Hebreos 9:15; Apocalipsis 5:9,10), para todos aquellos que el Padre le ha dado (Juan 17:2.).

V. Creemos que el Espíritu Santo es una persona, la tercera persona de la Trinidad, no una influencia o una fuerza, y que es eterno junto con el Padre y con el Hijo, (Hechos 5:3-4; Gálatas 4:4-6). Por tanto, creemos que es Él a quien el Padre está siempre dispuesto a conceder a todos los que se lo pidan, es el único agente eficiente en la aplicación de la redención (Juan 3:1-8; 1 Juan 4:13; Efesios 1:13 Hechos 2:38; Lucas 11:13). El regenera por su gracia a los seres humanos, los convence de que son pecadores, los mueve al arrepentimiento y los persuade y capacita para que reciban a Jesucristo, por la fe (1 Corintios 12:3; Juan 7:37-39; 16:13; 16:7-11) y así mismo los justifica en el nombre del Señor Jesús (1 Corintios 6:11). El Espíritu Santo unifica a todos los creyentes en Cristo (Apocalipsis 22:17), habita en ellos como su Consolador y Santificador (Tito 3:5-7; 2 Tesalonicenses 2:13; ), les da el espíritu de adopción y oración (Gálatas 4:6; 1 Juan 4:2, Romanos 8: 14, 17, 26, 27;), y desempeña todos aquellos oficios de gracia que santifican y sellan a los creyentes hasta el día de la redención (Efesios 4:30; 1 Corintios 2: 13,14).Todos los creyentes, al vivir en ellos el Espíritu Santo, quedan vitalmente unidos a Cristo quien es la cabeza de la Iglesia, quedando así unidos el uno con el otro en la Iglesia (Efesios 2:14-18; 5:18). El Espíritu Santo llama y consagra a ministros para su sagrado oficio, y capacita a otros oficiales en la Iglesia para tareas definidas, e imparte entre sus miembros diversos dones y gracias (Efesios 4:1-6;; Hechos 2:4; 13:2;; 1 Corintios 12). El Espíritu Santo hace eficaz la Palabra y las ordenanzas del evangelio (2 Pedro 1:19-21; 1 Tesalonicenses 1:5,6). Por el Espíritu Santo, la Iglesia será preservada, aumentada, purificada y, al final, hecha perfectamente santa en la presencia de Dios (Juan 20:22,23; Mateo 28: 19,20).

VI. Creemos que una forma útil, clara y sencilla de resumir nuestras convicciones doctrinales de la salvación, es que nos aferremos a una soteriología (la doctrina de la salvación) reformada también conocida históricamente como las “Doctrinas de la Gracia” o “Los Cinco Puntos del Calvinismo”. Por tanto, creemos que Dios es soberano sobre todas las cosas, incluyendo la salvación de los pecadores individuales y que todas las cosas, incluyendo la salvación, tienen como objetivo final la gloria de Dios. Creemos que esta perspectiva de la doctrina de la salvación, mantiene en el centro, el evangelio y la gracia de Dios mostrada en él; mostrándose como inefable e increíble, revelada a los pecadores, siendo aun aplicada a los mismos, siendo inmerecedores de ello, dando como resultado que Dios sea glorificado por su pueblo.

VII. Creemos que el Arrepentimiento y la Fe son obra divina de Dios, (Efesios 2:8; Hechos 13:48, 14:27; 2 Crónicas 33:10-20; Hechos 9:1-19; 16:29-34), y que son gracias inseparables, (Hechos 11:17-18; 17:30-34; 20:21), efectuados en nuestras almas por medio de la regeneración del Espíritu Santo, (Tito 3:3-6; 2 Tesalonicenses 2:13-14; 1 Pedro 1:12), por lo cual, estando profundamente convencidos por el Espíritu Santo de nuestra culpa, peligro y desesperanza, y del camino de salvación por medio de Cristo, nos volvemos a Él con una genuina contrición, confesión y súplica por misericordia, (2 Crónicas 33:10-20; Ezequiel 16:60-63; 36:31-32; Hechos 2:37-41; 9:1-19; 11:21-24; 13:48: 14:27; 16:29-34; 2 Corintios 7:10), al mismo tiempo recibiendo de todo corazón al Señor Jesucristo (Juan 1:12) como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, confiando solamente en Él como el único y suficiente Salvador ( Juan 10:9, Hechos 4:12, 26:20, Romanos 5:1,6,8-11, Efesios 5:23; Hechos 3:22,26; Hebreos 5:5-6; Salmo 2:6 Lucas 1:33).

VIII. Creemos que la ley de Dios se expresa breve pero plenamente en los Diez Mandamientos, (Éxodo 32: 15-16; Éxodo 20 y Deuteronomio 5), y se resume en dos grandes mandamientos, el de amor supremo hacia Dios, y de amar a nuestros prójimo como a nosotros mismos, (Mateo 22:37-40). Sin amor no cumplimos ninguno de los mandamientos (Romanos 13:8 b; 1 Juan 3:10-11; 1 Corintios 13:1-3) y los mandamientos nos explican el comportamiento apropiado del amor en cada circunstancia (1 Juan 5:2; Santiago 2:8).Esta ley de Dios es lo que distingue entre el bien y el mal, lo que se requiere y lo que se prohíbe y obliga a todos los hombres en todos los tiempos a una obediencia sincera, completa y constante, sin permitir pretexto alguno por su violación (por eso se dice que el pecado es transgresión de la ley), (Mateo 19:16-22; Romanos 2:14-15; Mateo 5:17-19; Romanos 3:31; 1 Juan 3:4). Esta ley es buena, santa, perfecta y justa; pero no sirve para la salvación, (Gálatas 2:16; Romanos 3:20,28; 7:12,16; Salmo 19:7; Santiago 1:25). Ninguno de nosotros la puede cumplir (Romanos 3:10-12; Santiago 2:10-12). Lo que recibimos de parte de la ley es maldición (Gálatas 3:10). Pero creemos que Cristo guardó esta ley perfectamente, cumpliendo todos sus requisitos y, además, sufriendo su penalidad como el representante de su pueblo, (Gálatas 3:13-14; Efesios 2:14-16). De esta manera Dios, el autor de la ley, puede ser a la vez justo, y el que justifica al que cree en Cristo (Romanos 3:21-26). Los creyentes en Cristo intentan obedecer la ley (aunque de una manera imperfecta), no para ganar la salvación, sino porque ya han sido salvados, (1 Corintios 6:11; Romanos 8:12-15; 6:15-22).

IX. Creemos que Cristo ha comprado libertad para los creyentes bajo el evangelio y ésta consiste en su libertad de la culpa del pecado, de la ira condenatoria de Dios y de la severidad y maldición de la ley, (Juan 3:36; Romanos 8:33; Gálatas 3:13), en ser librados de este presente siglo malo, de la esclavitud a Satanás y del dominio del pecado, (Gálatas 1:4; Efesios 2:1-3; Colosenses 1:13; Hechos 26:18; Romanos 6:14-18, 8:3), del mal de las aflicciones, del temor y aguijón de la muerte, de la victoria sobre el sepulcro y de la condenación eterna, (Romanos 8:28; 1 Corintios 15:54-57; 1 Tesalonicenses 1:10; Hebreos 2:14,15), y también consiste en su libre acceso a Dios y en rendirle obediencia a Él, no por un temor servil, sino por un amor filial y una mente dispuesta, (Efesios 2:18, 3:12; Romanos 8:15; 1 Juan 4:18). Por tanto, creemos que sólo Dios es el Señor de la conciencia, (Santiago 4:12; Romanos 14:4; Gálatas 5:1), y la ha hecho libre de las doctrinas y los mandamientos de los hombres que sean en alguna manera contrarios a su Palabra o que no estén contenidos en ésta, (Hechos 4:19, 5:29; 1 Corintios 7:23; Mateo 15:9).

X. Creemos que la iglesia es considerada como la comunidad de los santos elegidos, es decir, la comunidad de aquellos que creen y que son santificados en Cristo, (1 Corintios 1:2), y que están unidos a Él como su Salvador, que se reúnen con el propósito de adorar a Dios, (Efesios 1:3-6). Creemos firmemente que desde el principio ha habido, hay y al fin del mundo o hasta la venida de Cristo, habrá una iglesia (Mateo 16:18; Mateo. 28:15-20), esto es, una sociedad y multitud de personas, quienes correctamente adoran a Dios por medio de su fe en Cristo Jesús, quien es la única Cabeza y Jefe de la Iglesia, así como a la vez ella es su cuerpo y su esposa, (Efesios. 1:22, 4:11-15; 5:23-25,27,29,32; Colosenses. 1:18,24; Hebreos. 12:23; Apocalipsis. 21:9-14). Esta iglesia es católica, o universal, porque en ella están los elegidos de todas las edades, de todos los reinos, naciones y lenguas, (Apocalipsis 7:9-10), sean judíos o gentiles que tienen comunión y se asocian con Dios el Padre y con su Hijo, Cristo Jesús, por medio de la santificación del Espíritu Santo. Se le llama, por lo tanto, la comunión, no de personas profanas, sino de santos quienes, como ciudadanos de la Jerusalén Celestial, disfrutan de los inestimables beneficios de un Dios, un Señor, una fe y un bautismo. (Hechos. 2:37-42; 4:4; Romanos. 1:7; 1 Corintios. 5:1-9; Efesios 4:1-6).

XI. Creemos, al igual que la mayoría de Iglesias Reformadas, en la forma bíblica para la autoridad de la Iglesia, la cual se describe como una pluralidad de ancianos-pastores; hombres designados por Dios conforme a los requisitos establecidos en su palabra y capacitados por Él para llevar a cabo dicho trabajo, (Hechos 11:30; Santiago 5:14-15; 1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9; Efesios 4:11-12).

XII. Creemos que nuestra adoración, al igual que nuestra fe, está centrada en Dios (Mateo 4:9-10; Juan 5:23; 2 Corintios 13:14). No nos reunimos para glorificar a los hombres o para entretener a las personas, sino para dar al Señor la adoración que requiere y merece, (Romanos 1:5; Colosenses 2:18; Apocalipsis 19:10). Del Antiguo y Nuevo Testamentos aprendemos que la adoración corporativa es obligatoria por el pueblo de Dios, (Hebreos 10:25). Nuestra adoración es simple, que consiste solamente en aquellas cosas que están ordenadas por la Palabra de Dios expresa o implícitamente, (Éxodo 20:4-6; Mateo 15: 3,8-9). Oramos, cantamos Salmos e Himnos, (Salmo 105:1-4; Efesios 5:19; Hechos 2:42), leemos las Escrituras, (Lucas 4:16-17), prestamos atención a la predicación de la Palabra, (Lucas 4:18-20; Hechos 13:5; 2 Timoteo 4:1-2), y la administración de los sacramentos, (Mateo 28:19; 1 Corintios 11:23-24). Más allá de estas cosas, no tenemos la libertad de hacer lo que no es mandado o el deseo de adherir alguna otra cosa aún cuando haya buenos motivos. Creemos que Dios tiene el honor merecido de esta manera y que está en medio de nosotros cuando le adoramos en espíritu y en verdad por medio de Cristo, siendo aceptos en Él, (Mateo 18:20; Efesios 2:18; Colosenses 3:17; 1 Timoteo 2:5).

XIII. Creemos que aunque somos una Iglesia Bautista Reformada, sin embargo, nos diferenciamos de algunos que llevan la bandera reformada en que nosotros hacemos hincapié bajo la enseñanza de la Escritura sobre el bautismo del Creyente por inmersión (Mateo 3:1-12; Romanos 6:3-4; Mateo 28:8-20).

XIV. Creemos en la cesación de los dones espirituales milagrosos, (enseñamos que éstos ya han cesado), enseñamos que si bien nadie posee los dones espirituales milagrosos hoy, Dios oye y contesta la oración de fe y responderá de acuerdo a Su perfecta voluntad, propia, en relación a la oración por los enfermos, el sufrimiento, y los afligidos, (Lucas 18:1-6 , Juan 5:7-9; 2 Corintios 12:6-10; Santiago 5:13-16, 1 Juan 5:14-15).

XV. Creemos que Cristo volverá por segunda vez en su cuerpo a su determinado tiempo y de forma visible, (Hechos 1:10-11; Mateo 24:44; Lucas; Lucas 12:40), a salvar eternamente a los que han creído en Él, estén vivos o muertos y para juzgar a los hombres y a los ángeles al final del mundo, (Hechos 10:42; Romanos 14:9,10; Hechos 1:11; Mateo 13:40-42, 16:27; 2 Pedro 2:4; Judas 6; I Corintios 15: 20-23; Tito 2:11-14), y que todos los hombres serán resucitados, primeramente los que han creído en Cristo para vida eterna y luego los que no creyeron, para condenación eterna (Juan 5:29; Apocalipsis 20:11-15; 22:14-15).

XVI. Creemos y llevamos a cabo “las Cinco Solas” que normalmente se registran en la historia como cinco frases en latín que surgieron durante la Reforma Protestante, que son: Sola Scriptura (“sólo la Escritura”), Sola fide (“sólo por la fe”), Sola gratia (“sólo por gracia”), Solus Christus o Sola Christo (“sólo Cristo” o “a través de Cristo”), y Soli Deo Gloria (“sólo a Dios la Gloria”).

Por supuesto, creemos en muchas otras cosas también. Por tanto, consideramos a la Confesión Bautista de Fe de 1689 como una sana, aunque no inspirada, expresión de la enseñanza de la Palabra de Dios. Hemos adoptado este documento histórico como la confesión de fe de nuestra iglesia y como un resumen fiel de la enseñanza de la Biblia.

En este sitio encontrará, además de estos recursos, muchos más que podrán expandir la claridad de nuestras creencias aquí expresadas en forma breve.

Así, aunque adoptamos esa confesión de Fe Bautista para definir nuestra doctrina, también utilizamos y compartimos doctrina con otros documentos históricos que surgieron antes y durante o después de la Reforma Protestante, como son laConfesión de Westminster, así como el Catecismo Mayor y el Catecismo Menor de Westminster, la Confesión Belga, el Catecismo de Heidelberg, los Cánones de Dort, el Credo de los Apóstoles, El Credo Niceno, El Credo Calcedonia y El Credo de Atanasio.


 

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Estudio y Oración: 7 pm

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